Músicos, caramelos y otros indicadores

Las estadísticas son escudriñadas con ansiedad por opositores y oficialistas: complejos cálculos intentan demostrar que lo que parece bien, está mal, o lo que parece mal, es positivo. En ese universo de datos que pocos verifican y analizan,  el estado de la economía ocupa un lugar relevante. Se habla de crisis desde hace varios meses, a veces en voz alta, otras tenuemente. De las ventas al por menor, las importaciones, el ahorro, la relación con los países vecinos y otras variables macro, que significa en gran escala.

Para el pasajero habitual del transporte público hay otro termómetro tan certero como el más aceptado de los indicadores de desempleo: la cantidad de músicos ambulantes. Y también la calidad de los mismos, ya que muchos, sin dotes para la música, intentan ganar su jornal a costas de ésta. En la mañana del viernes, el 191 recibió la visita de un cantor y guitarrista con una armónica colgada al cuello, de modo que entre una estrofa y otra soplaba por ella haciéndola emitir sonidos tan lejanos a la armonía tonal que podrían ser parte de un experimento de ruptura académica. Al hombre le faltaban algunos dientes, lo que dificultaba su dicción, y lo que sorprendió fue que su repertorio fuesen canciones de Darnauchans, esteta decadente como lo nombra un graffiti.

Luego subió una chica de hermosa voz que cantó un tema de Frozen, un joven guitarrista se atrevió con Zitarroza, dos adolescentes hicieron hip hop con palabras de los viajeros, y un serio cantor de lentes oscuros, en su cincuentena, recreó una canción del primer disco de León Gieco, Si ves a mi padre, con tanto Dylan adentro.

En total, cinco músicos en un solo viaje.

A la noche, y como todas las noches, el regreso desde el Cerro o el Paso de la Arena es pródigo en vendedores de golosinas, con voces roncas por la repetición de su cantilena a través de la ciudad. Por algún motivo quizás relacionado con las importaciones, los productos se ofrecen por rachas: algunas semanas hay chocolates, otras pastillas de goma. Una noche conté siete vendedores en el trayecto entre Portugal y Tajes.  Los precios son tan bajos que es difícil resistirse, siempre es mejor tener una pastillita para ocasiones de hambre inesperada o tos rebelde. A estos mercaderes debe agregarse el que ofrecía, con tono suplicante, medias en grupos de a tres y guantes de mujer,  extraídos del mismo bolso colorido que tienen todos los demás vendedores ambulantes del ramo. Fundas para tarjeta de transporte, rompecabezas infantiles y aromatizadores de bolsillo completan la oferta de este universo mercantil informal y trashumante. Su crecimiento es alimentado por la desocupación, me inclino a pensar, aunque las últimas estadísticas indican una disminución de la misma en el 0, 4% en el último mes. Quizás sea posible traducir esto al número de músicos y carameleros rodantes…..

Si reaparecen los niños, vendiendo o pidiendo, será que la crisis se ha instalado, me digo con algo de cinismo y mucha desolación.

Me reaniman los afiches caseros pegados en las paradas. Entre los que ofrecen fletes a cualquier lugar del universo, trabajos maravillosos con sueldos gerenciales, cuotas de terrenos al precio de un par de zapatos, aparecen los que más me sorprenden: las soluciones mágicas a los problemas emocionales. Un pai promete trabajos para el “retorno de la persona amada” sin especificar si es desde el desamor, un país extranjero o el reino de los muertos; un sticker dice que el Tarot es la mejor opción para salir de dudas, aclarando en letras más pequeñas: asuntos laborales, familiares, de pareja. Esta disciplina tiene buenos creadores de slogans, otro cartelito, en un intento de atrapar escépticos, dice Tarot, ¿por qué no?

El mayor puntaje se lo lleva un gran afiche pegado en los alrededores del Shopping: Dominadora del amor Es el título, y más abajo dice que solamente se debe pagar después de obtener el resultado, sin aclarar si éste debe ser positivo o uno negativo justifica también el cobro. Con pretensiones de mayor seriedad, aparecen terapeutas florales, sanadoras, y filósofos, utilizando el mecanismo de promoción económico que los árboles y paradas ofrecen. Habría que conocer el porcentaje de los que se lanzan tras estas opciones, y si el objeto principal de las consultas es la falta de trabajo o de amor, para intuir, casi con la precisión de otros indicadores, en qué etapa del ciclo económico nos encontramos.

Publicado por Cecilia Ríos

Esto es para compartir con mis amigos lo que veo en mis paseos. Notas una vez al mes! Gracias a todos mis lectores.

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