Palabras en el museo -2

BOLEADORAS
Venta económica, dice el cartel escrito con pincel fino sobre los restos de una estantería. Los vidrios opacos dejan ver lámparas oxidadas, vasos recubiertos de láminas brillantes, destinadas a desaparecer con el primer lavado, que luego de varias décadas de espera, aún no ha llegado.
Copas que jamás salieron de la vitrina de la abuela, grandes tenedores de alpaca, jarras con dibujos de damas en miriñaque y caballeros con trenzas de fantasía: todos ostentan la tristeza de haber sido abandonados por sus dueños, que murieron sin haberlos usado.

A la vuelta de la esquina, armados en columnas, esbeltos frascos de plástico rellenos de líquido azul, rojo y verde invitan a la compra, prometen un futuro de limpieza absoluta y se ofrecen a un precio seductor.
¿Podrá aquel trozo de boleadora, piedra cilíndrica donde ojos expertos hallaron un leve tallado, quebrar la vitrina de los objetos descartados, franquear la puerta que custodia los jabones que dan brillo, y dar a la mano que la aferra el consuelo de una hamburguesa o el deleite de la droga?
Forradas de cuero desnudo, las parientas elegantes de la piedra original descansan en su nido de trenzas prolijísimas, curtidas por el sudor de palmas que no se rasgaron al soltarlas.
Se enredaron en patas de ñandúes, vacas salvajes y caballos fugitivos cuya sangre calmó la sed, cuyas vísceras dieron aliento a quien desenredó los tientos. El que vino detrás, a pie y descalzo, aplacó su hambre peleando con las moscas sobre los huesos descarnados.
Quizás, cuero y piedra, su abrazo fatal detuvo la huída del desesperado, fracturó el cráneo de quien su dueño llamaba enemigo, rival, o forastero. ¿Amenazaron al amante, la hermana, el niño, la india, el esclavo? ¿Velaron el sueño del que cruzó el alambrado, se apropió del ganado, desafió al poder? ¿Fueron regalo de casamiento, botín de asalto, herencia de artesano?
Rutas de sangre y dinero las trajeron hasta aquí, número en una lista, código asignado, pacto de precio. La mano curvada que las resguardó en su origen merodea, quizás, en otras manos detrás de la puerta, del cerrojo y la alarma encendida.

Publicado por Cecilia Ríos

Esto es para compartir con mis amigos lo que veo en mis paseos. Notas una vez al mes! Gracias a todos mis lectores.

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